"Estas humedades que me están matando"

Estas humedades que me están matando son un problema estructural del edificio: mi casero no está dispuesto a indagar más allá. 

Llevan dos semanas sin parar de crecer. Las limpio primorosamente cada mañana para descubrirlas en el mismo lugar al día siguiente. 

A veces me gusta imaginar que se deben a una fuga en la ducha de los vecinos de arriba; algún día llamarán a mi puerta para excusarse, con voces dulces y azoradas. Es una pareja a la que he aprendido a conocer a través de sus ruidos de vida, que se cuelan por mi techo. Los pasos de ella son más frecuentes y ágiles; los de él tienen una densidad de un matiz interesante. A veces ríen, otras hacen el amor; tan dulcemente, que hay que aguzar bien el oído para percibirlo.
No llegué a encontrarme con el vecino de enfrente, que se fue el año pasado al inicio del estado de alarma. Sé que en el tercero hay una familia con niños algo revoltosos, que bajan como rayos las escaleras cuando van al colegio. 

En mis paseos por Sevilla me suelo detener para admirar los antiguos corrales de vecinos, reliquias de un pasado más gregario. Cuando regreso y atravieso mi portal, nunca me cruzo con nadie. 
Creo que mi edificio tiene un problema estructural de soledad. 


(Inspirado en la frase inicial de uno de los “Relatos en cadena” de La SER)