Sonatina literaria
Sonatina literaria
I. Allegro con brio. La tribu
Treinta pares de brazos se alzan en un solo gesto y reciben el árbol que cae. Niños y perros se arremolinan para jugar con el río histérico de termitas que brota desde la base del tronco. Alguien ha olvidado una ráfaga de viento en las copas de los árboles; se enreda entre hojas y ramas, molesta a los orangutanes, juega con el vuelo de los insectos.
II. Adagio. La pantera
Sorprendida a punto de saltar (patas flexionadas, músculos preparados, cola en tensión) miró abajo con cautela desde su atalaya. Después, de un poderoso salto, desapareció entre las ramas del árbol.
A los pocos segundos un silbido hizo que la pantera volviera a bajar por el tronco, sus afiladas uñas asegurándola a la corteza.
Fue observada por un chiquillo sucio. Aunque no mediría más de un metro era un enemigo peligroso, y ambos lo sabían.
El felino aterrizó sobre sus cuatro patas y fue avanzando hasta el niño, que se había quedado quieto y silencioso como un muerto. Olfateó levemente con su nariz húmeda los pies descalzos del niño.
Éste empezó a silbar una suave melodía, y la pantera quedó quieta, como hechizada: los ojos fijos en sus ojos, la cola moviéndose suavemente.
El niño siguió silbando, y esta vez también alargando el brazo, hasta que consiguió acariciar el delicado pelaje. La pantera se estremeció, pero no huyó. Mantuvo la vista en el niño sin oponer resistencia alguna.
Pronto, su piel se mecía delicadamente en el aire, tendida a secar a las afueras del poblado.
III. Vivo con fuoco. El amor
Antes de que un ser humano le diera nombre, debía ser parecido a esto.
Impulso, urgencia, necesidad.
Un brillo animal en los ojos.
Mareo, adrenalina.
Dos seres humanos se aman entre cerámicas y cuencos para cocinar, se hieren, se lamen las heridas. No observan juntos los colores del amanecer. No se hacen regalos ni planes de futuro. Les basta con saber que sienten a la vez, en sus pieles desnudas erizadas por rudimentarias caricias sin nombre, el húmedo suelo de tierra pisada.


