Arrugas

Aquel día, el mar apareció lleno de veleros y lanchas a motor. A Sofía le pareció arrugado, como el recuerdo remoto de la piel de su bisabuela. Le vino a la mente la ocasión en la que, con infantil e inocente sinceridad, le había expresado su asombro ante la dulzura y fragilidad de sus manos. La sonrisa de la matriarca había creado nuevas arrugas en torno a su boca, y otras especiales en su mirada.


Sofía dictaminó entonces que el mar había envejecido; incluso, como la fruta demasiado madura, ya estaba empezando a sufrir el asedio de pequeños insectos ruidosos. En la comida, pensativa, no dijo una palabra. Los padres se reprimieron de amonestarla al percibir sus ojos llenos de olas suaves y espumadas.


Los días de verano se sucedían perezosamente. A la vista de que el mar seguía mostrando aquel lamentable deterioro, la niña decidió partir de viaje en busca de un sitio más tranquilo para vivir. Donde el mar fuera todavía mar, no autopista, y con más naturaleza que casas. Donde el sol, cada mañana, iluminara un pequeño paraíso de calma, y una brisa dulzona trajera el aroma de todas las flores que se despertaban. 


No invirtió mucho tiempo en preparativos. A escondidas, se vistió ella sola y se despidió del gato con un abrazo. Cogió una pequeña maleta, pues había visto que era un complemento obligado para todo viajero. Se deslizó al jardín y de ahí a la calle, bulliciosa de polvo y coches. Echó a andar y dejó su casa atrás sin volver la vista. 


Media hora después, una vecina consternada la trajo de vuelta a casa. A pesar de las prohibiciones y amenazas de sus padres intentaría en dos ocasiones más su aventura, siempre interceptada por diferentes personajes que la niña sospechaba confabulados contra ella.




En su terraza, frente a un mar tranquilo, gaviotas y una vega verde, el paisaje ansiado de su infancia, Sofía evoca esta historia de su niñez.  Con nostalgia, recuerda a sus padres, trabajadores y tiernos. Y les agradece en silencio que decidieran escuchar a su hija inquieta mudándose a la hermosa Salobreña.